Alberto Cortez

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ABR
14
2019
Teodoro Barajas Morelia, Mich. En la actualidad la violencia se dispara, ráfagas de incertidumbre golpean, además de las cantidades de plomo que arrancan vidas y ensombrecen el presente. Ante cuadros como los citados adquieren mayor relevancia los operarios del arte y la cultura, por ello fue una mala noticia la muerte de Alberto Cortez porque su música y poesía han sido vehículos para enfilar por la ruta sosegada que hacen transitar esperanzas.
Desde mi niñez escucho al cantante y poeta nacido en Rancul, mi padre tenía discos de acetato, también casettess. En la casa supe de las historias cantadas del árbol que sembró con su madre, de los castillos en el aire y de una rosa que llegaba cada día.
También supe de las flores de invierno o el amor desolado, o de una vueltita más la canción que criticaba la codicia de las potencias que marcaron la bipolaridad en la Guerra Fría.
Alberto Cortez evocaba a otros poetas como Pablo Neruda, registró una labor imparable para exponer lúcidamente el cargamento del arte popular, para que éste estuviera pulido, brillante y ondeara esa bandera de las buenas causas por lo alto.
Recuerdo que lo vi cuatro veces en los escenarios, dos de ellas fue a dúo con el también argentino ya desaparecido Facundo Cabral, una vez en Morelia y la otra en la Ciudad de México. La ironía, el sarcasmo, el torrente de poesía y el aluvión musical irradiaban el escenario, la verdad es que esa mancuerna encendía, motivaba e inspiraba.
Facundo Cabral le cantó a la paz, el humanismo brotaba de sus versos con sus característicos acordes de guitarra, una madrugada su vida fue arrebatada por un sicario, una ráfaga eclipsó la vitalidad de Facundo en Guatemala.
Alberto Cortez ya se fue, puede volver a toparse con su amigo Cabral o con otros y formar una orquesta de cámara para colorear los caminos que conducen a la morada de las almas, de las que describió un almacén en uno de sus libros.
Hace unos meses en Morelia vi por última vez a Cortez, estuve en una conferencia de prensa, horas después presenciamos su recital en el Teatro Morelos, físicamente ya se observaba con dificultades aunque su voz llenaba el inmueble para recorrer diferentes etapas tapizadas de canciones.
Sus libros contienen versos, historias, anécdotas en donde la amistad figuraba como una expresión que le imprimía una apología muy grata. De manera que se le extrañará al cantante y poeta, porque entre varios méritos destaca el haber llevado a la calle los versos de aquella destacada generación del 27, la misma que se iluminó con el talento de Federico García Lorca, Miguel Hernández y Alberti, por citar algunos, también al representante de la del 98 Antonio Machado.
Alberto Cortez ha muerto y su legado se queda para abrir la ventana del arte para observar el vigor sentimental que se opone a la violencia para cantar al amor en sus múltiples manifestaciones. Buen viaje Alberto.


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