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Cambio climático y devastación del alma humana

Cambio climático y devastación del alma humana
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Cambio climático y apocalipsis
  
OCT
04
2013
Mateo Calvillo Paz Morelia, Mich. El hombre del mundo tecnológico está clavado en resultados prácticos que satisfacen sus necesidades primarias, instintivas. Tiene una capacidad increíble, absurda para prever las consecuencias profundas y graves que pueden seguirse de sus actos.
El sabía las consecuencias que se vendrían por la devastación y contaminación de la naturaleza que provocaría el cambio climático.
Estamos sufriendo la tremenda catástrofe y los depredadores todavía pueden quedarse sin razonar, sin caer en la cuenta de sus errores, en una especie de esquizofrenia. No se arrepienten de sus fechorías porque ven sólo las ventajas materiales que han obtenido.
No podemos culpar sólo a la naturaleza de estas terribles catástrofes, como lo afirma correctamente Iván Restrepo. El primer culpable es el ser humano, concretamente los hombres del poder y del dinero y los hombres del común por su ignorancia y apatía.
En la cosmovisión cristiano occidental, Dios le confió al hombre la creación, para administrar y perfeccionarla no para explotarla irracionalmente queriendo convertir todo en pesos.
Por el mal uso que el hombre ha hecho, la naturaleza está herida de muerte, y se lleva, de paso, a seres humanos, son centenares de muertos en la catástrofe de los meteoros Ingrid y Manuel. Son cientos de miles los pobres que han visto su vida devastada porque han perdido todos los bienes que les dan tranquilidad.
En el cambio climático, las consecuencias de la obra depredadora del hombre se ven, tarde o temprano aparecen en toda su gravedad, de manera más que espectacular, los hechos son palpables.
Pero hay otro cambio, esencial, profundo, más grave y velado para muchas mentes humanas, es menos percibido porque sucede en el mundo de lo interior, de lo inmaterial. Me refiero a la devastación en el alma humana por la pérdida de los valores universales, trascendentes, espirituales, divinos.
Es el cambio axiológico que ha erosionado el alma humana. El hombre la ha devastado llevado por el pragmatismo brutal, materialismo, por el deseo de resultados prácticos e inmediatos y negocios jugosos para darle gran vida al cuerpo.
Los pensadores, que tienen una visión integral del hombre, de su cuerpo y su alma, de su destino trascendente y sus valores espirituales, genuinamente humanos lo han señalado: se han perdido los valores trascendentes, los edificios de valores se han derrumbado, valores morales, religiosos, filosóficos, hasta los estéticos como lo notamos en las rolas pornográficas.
En el caso de la catástrofe provocada por los dos meteoros Ingrid y Manuel, aparece el alma sin valores de empresarios de la vivienda y políticos. Son muestra de la devastación moral, del cambio axiológico en la conducta del hombre.
Aparece la pasión de los negocios jugosos, descontrolados, por una parte. Por la otra, aparece la irresponsabilidad absoluta de las autoridades, que autorizan las acciones de los primeros, por su arbitrariedad, por satisfacer pasiones del mismo orden, la avaricia, el dinero fácil.
Ronda o se muestra también la injusticia, viene a mezclarse la terrible injusticia que persigue con parcialidad al culpable de enfrente, al del otro partido.
Cuántas veces no es justicia sino cálculo político. Al que es afín cercano, se le arropa, se le encubre.
Hay muchos otros vicios graves, horribles que van apareciendo desde las fiestas inmorales e irresponsables de algunos funcionarios en los días patrios, que son los días del azote de los meteoros, el grave descuido de deberes tan importantes como la protección de tantos hermanos.
¿Qué van a hacer ahora las autoridades? ¿Van a enfrentar el cambio climático como se debe y a enderezar el rumbo de programas y políticas para restaurar la naturaleza? ¿O van a dar remedios pragmáticos, pasajeros como sus ingenieros que sólo tapan baches o los sus médicos de las clínicas rurales que para enfermedades mortales sólo recetan aspirinas?
¿Y de la devastación del alma humana? ¿quién se ocupa? ¿Porque su azote parece menos palpable y aparatoso, interior lo vamos a ignorar? ¿A quién le corresponde velar por la moralidad de las personas, por sus virtudes, sus grandes principios y valores?
¿Cuánto tiempo nos va llevar caer en la cuenta de este mal grave, fundamental y tomar medidas para remediarlo?
Las autoridades se hacen disimuladas e ignoran la moralidad de acciones de la personas y de los programas. Están invadidos de pragmatismo y quieren resolver los problemas por consensos que significan conveniencias, oportunismos.
Su miopía sólo les permite ver las leyes positivas de la Constitución e ignoran la Ley Superior, inscrita por Dios en la naturaleza, que señala Morelos en los Sentimientos de la Nación.
¿Al ciudadano de a pie qué le toca hacer? Perdido como una gota en el océano, ¿Le queda alguna posibilidad de acción? ¿Tiene alguna posibilidad de enderezar el rumbo como miembro dotado de pensamiento y dinamismo en el cuerpo socia?
La respuesta es "sí" pero hay que buscar cómo y creer en lo imposible. Mejor, hay que creer en una presencia buena, superior, de aquel Papá bueno, providente de quien depende hasta la caída de la hoja del árbol.


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