Con este México me quedo.

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21
2017
Julio Santoyo Morelia, Mich. Por un momento creí estar viendo las imágenes que tanto nos conmovieron en 1985. La misma determinación y coraje para ganarle a la tragedia su imperio de desolación y dolor; los mismos jóvenes de diversas creencias y condiciones sociales haciéndose cargo para revertir el caos y darle certidumbre a la población; la misma pasión de mujeres y hombres atropellándose por ayudar; el mismo amor angustiado reflejado en los rostros de quien siente empatía por el otro; el mismo dolor expresado en lágrimas como vínculo de hermandad con quienes perdieron a sus seres queridos o su espacio vital; las mismas imágenes de edificios derrumbados, como fallidos titanes, ahora tendidos en el suelo con muecas absurdas y ajenos a su orgullosa geometría original, como inmensos sepulcros involuntarios de sus habitantes.
Pero 32 años después, en la misma fecha, y tan sólo 5 horas después del aniversario preciso, el sismo ha sido otro y los daños han sido diferentes, sin embargo, me queda la impresión de que un misterioso y afortunado ADN social ha sido heredado a las nuevas generaciones. Seguro estoy que la mayoría de los jóvenes que estamos viendo dar testimonio de solidaridad amorosa ante la presente tragedia aún no nacían el 19 de septiembre de 1985. Conocían de aquella tragedia por sus padres y sus escuelas y ejercicios de simulacros que anualmente se realizan.
Llegaba a creer que las nuevas tecnologías de la comunicación y sus redes sociales habían destruido uno de los valores más trascendentes que nos habían permitido salir de la tragedia del 85, la solidaridad, misma que nos permitió remontar los límites de la sociedad cerrada de la época, que se rompió gracias a la crítica social que se generó a raíz de aquel sismo. Llegué a pensar que los milenia estaban ya muy distantes del México profundo que reclama cercanía, comunicación cara a cara, colaboración desinteresada, solidaridad y sacrificio para el bien de los demás. Celebro que me haya equivocado.
Hemos visto emerger en nuestra juventud y en la sociedad en general ese ADN que ratifica una de las grandes fortalezas identitarias de lo mexicano: la unidad por la vida de los otros. La tragedia, parece en el caso mexicano, estar llamada a unificarnos en torno a la reivindicación más dulce y esperanzadora: el amor, la compasión y la solidaridad. Es un momento de gran importancia social y simbólica porque a través de ella nos reflejamos en el dolor del otro y nos convertimos en la esperanza del otro y de ese encuentro, lo sabemos, suelen ocurrir transformaciones generosas para México.
Con este México me quedo, con este México me basta para entender que los cambios que nuestra sufrida nación necesita sí pueden ser posibles. De esta híper energía social aglutinante que nos han transferido los sismos con sus ondas devastadoras en gran parte del país, los ciudadanos podrán caminar fuertes contra la inseguridad, la corrupción, los malos políticos, las trabas a la democracia, la justicia y el abatimiento de los autoritarismos.
Queda cuestionado el México de la mezquindad, de la ineficacia de algunos políticos, del cretinismo de algunos que en las redes sociales se dedican a mentir, a difamar, y a confundir a la sociedad para ganar likes e incienso para impresentables personajes. Queda cuestionado ese segmento de malos políticos, de todas las expresiones, que sólo miran con un ojo, el ojo de sus torcidos y muy singulares intereses y no reconocen avances reales de la sociedad, creyendo que su voz es la verdad absoluta.
Tenemos el debut de una nueva sociedad mexicana que en breve, tan pronto deje las palas, los marros, los puestos de auxilio, los centros de acopio, las brigadas de apoyo, volteará sus ojos y su voluntad hacia los asuntos de la política pública y los destinos de la nación. Es una sociedad que estará profundamente motivada para hacer sentir su fuerza en las transformaciones políticas del país. Una sociedad que no se ajustará a los esquemas hasta ahora establecidos porque ha aprendido en estos días demasiadas lecciones en tan breve tiempo. Con este México, repito, me quedo definitivamente y celebro mis equivocaciones con la juventud


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