Educación y conciencia

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ABR
16
2018
Juan Ávila Osornio Morelia, Mich. Mientras la educación de todos los niveles educativos siga reproduciendo temas específicos del conocimiento positivos del mundo, que tienen que ver más con la práctica y reporte de habilidades y competencias, que con saberes para un ejercicio cognitivo y de reflexión respecto a la vida común, ese reduccionismo científico se viene transfiriendo con base en la observación, el análisis; pero menos en la comprensión como forma para mejorar las problemáticas de existencia. Y es que las ciencias de la educación tienen que ir más allá de circunscribirse a estudiar lo mínimo, o a la desvinculación de la realidad, porque eso hace que nos ausentemos de los problemas que complican la existencia.
Y si el ser humano está condenado a buscar la perfección, entonces se topa con una educación que no está orientada para eso, más bien el esfuerzo está orientado a aprender lo ya suficientemente es explicado en los manuales de ciencia; pero nos aleja de la vida, allí es donde están los problemas; por eso, como hacer que una educación pública ayude a adquirir conciencia de vida, si esta no tiene los sustentos para ello. Por eso el estudiante no puede ir de lo simple a lo complejo, ni destrabar la comunicación que enajena, poco menos entender los misterios de la complejización de la realidad, incluido su yo.
Claro el asunto está más allá de la escuela común, de la formación de los docentes, porque mucho se ajusta a una información centrada en la razón ficticia como lo dice el Mtro. Severo Iglesias, cuyo fundamento es la historia enajenada, si la que confunde, penetra y entorpece la reflexión y lleva del racionalismo a la irreflexión, entonces el maestro sólo se convierte en un operador eficaz de la programación previamente elaborada para ser aprendida.
Por eso hay tareas muy claras de y para los maestros, tendrán que revisar los diseños curriculares de sus niveles y grados educativos para tratar de descolonizar esa vigencia de anales como se enseña la historia de la educación e ingresar a una pedagogía filosófíca deshistorizada para llevar al estudiante para profesor y desde luego al universitario a pensar lo original desde lo nuestro para lo universal. También es hora de pensar en una pedagogía de y para México desde la localidad, mas ahora con la crisis de paradigmas que han enterrado la idea de futuro y con ortodoxias que se aferran al pasado, olvidando que el mundo está en cambio constante.
Claro que esto implica superar simulacros en los aprendizajes y enseñanzas a medias, porque no hay que olvidar que la existencia universal está viva y debe ser semilla para los nuevos tiempos. De ahí que si el estudiante no se ubica en su temporalidad, en esa totalidad, lo perderemos en la parcialidad en que el conocimiento se ha venido enseñando con la misma autorización de quien tiene la responsabilidad política de impulsarla.
Ya es hora de pasar del canon memorístico de obras principales dentro del corpus documental y, empezar por el diseño de categorías y conceptos específicos para interpretar esa historia propia, que de vigencia a lo nuestro, porque si sabemos que existe la perfección, y se busca a través de tratar de explicarse la realidad sin especulación, entonces estamos corriendo el riesgo de conocer apegado a la verdad, allí donde tiene sentido la existencia. Y esto sólo se puede lograr con inteligencia y libertad, que provoque reflexión y pensamiento.
Por eso hoy que lo poderes económicos y de los partidos políticos se reparten el dominio de los espacios, donde parece que todo lo tienen, hay algunos que no los tocan porque pertenecen a la academia, a la reflexión y a la inteligencia, y quien está ubicado allí puede transformar la realidad inmediata, y desde luego construir el futuro. Hay que recordar que la pedagogía no se puede saltar a la historia; pero es ésta la que ayuda a saber dónde estamos, quienes somos y provoca el deseo de perfeccionar nuestros recursos para una vida de inspiración humana, eso es tener conciencia, sin ella no se podrá desarrollar la justicia y actuar en libertad, mucho menos superar las desgracias y eliminar los convencionalismos, como dice Van Der Leeuw "lo sagrado es ante todo poder", y la educación es eso.


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