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El objeto del deseo y el vació en la soledad del amor perverso

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JUN
20
2019
Armando Arredondo Morelia, Mich. Dentro de los conceptos usados en psicoanálisis se encuentra el "objeto" usado en este sentido por Jacques Lacan refiriéndose a la noción del objeto de deseo inalcanzable al que también se le conoce como objeto metonímico considerando al objeto como causa del deseo. Tenemos entonces que el sujeto está regido por sus pulsiones que investidas en el lenguaje conforman el deseo, en este sentido el deseo lleva al vacio del sujeto quien conformará dentro de su estructura su incapacidad para amar en el futuro, encontrándose esos sentimientos de soledad que a la larga conformarán la estructura perversa en el amor.

Veámoslo desde el momento del nacimiento donde las primeras pulsiones de vida hacen su aparición, René Spitz hace mención en su libro "el primer año de vida" del niño de la etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal).Menciona, como primera etapa de desarrollo de esta vital relación, la etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal), que coincide con la etapa del narcisismo primario del infante. Se refiere a ella como una etapa de no diferenciación, ya que la percepción, las actividades y las funciones del recién nacido no están del todo organizadas en unidades, salvo aquellas actividades y zonas relacionadas con la tarea de nutrición, la circulación, la función respiratoria y otras funciones vitales.

La fragilidad del ser humano desde el momento del nacimiento es única y en su totalidad va a depender de alguien para subsistir, para sobrevivir, y ante esto es necesaria la presencia del Otro que provea de lo necesario que brinde la fortaleza yóica. Freud (1895/1992) describe y explica que ante la cancelación de un estímulo es posible a partir de una intervención que elimine la tensión en el niño y esto se entiende más desde el momento de satisfacer sus necesidades al momento del llanto. De igual manera la satisfacción nunca va a poder ser completa porque no hay un acoplamiento total con el Otro. De todo esto se desprende lo que S. Freud llamó como "vivencia de satisfacción" y "vivencia de dolor". Si el bebé vuelve a sentir la necesidad, busca lo idéntico y entonces busca calmar esa tensión por vía alucinatoria, pero siempre obtiene algo distinto y la satisfacción continúa siendo parcial.
Freud (1905/1992) hace referencia a los tres tiempos lógicos en el desarrollo del sujeto que se van a ir dando para llegar a la elección de objeto, 1) Predominancia del autoerotismo 2) Narcisismo 3) Elección de objeto en "Tres Ensayos de Teoría Sexual", en la que explica la elección de objeto, y la describe en dos tiempos. El primer tiempo lo ubica entre los dos y cinco años hasta que comienza el período de latencia y se caracteriza por la naturaleza infantil de sus metas sexuales, sobreviene la corriente tierna hacia la madre y por tanto las mociones sexuales son sofocadas. La pulsión sexual es predominantemente autoerótica y prevalece la corriente tierna. Cuando sobreviene la pubertad, se produce el segundo tiempo de elección de objeto, donde se determina la conformación definitiva de la vida sexual. El joven renuncia a los primeros objetos de amor y busca objetos fuera del ámbito familiar, por lo que ahora a la corriente tierna, se le suma la sensual. Esto es debido a que aquí, todas las zonas erógenas, se subordinan al primado de la zona genital y por tanto tiene una nueva meta sexual. Freud (1905/1992) indica que "se pone ahora al servicio de la función de la reproducción; se vuelve, por así decir, altruista." (p. 189) Se puede decir entonces, que en el primer tiempo, la madre o quien ocupa esta función, es quien se ubica como la gran dadora, encargada de libidinizar al niño, otorgando los primeros cuidados, los alimentos, las caricias y por ende también la satisfacción, es ella con quien el niño se cree completo, propulsado por la no diferenciación yo- no yo, propia de ese momento tan particular. Este primer objeto, es el que se convierte para Freud en el paradigma de los demás objetos de amor. Entonces, el sujeto busca "reencontrarse" con ese objeto primero, paradigmático, para lograr la satisfacción plena, que cree haber tenido en otro tiempo.Si en la constitución que tengo como persona resultado de mi historia de vida y conformación del objeto el vacio y la soledad me han acompañado a lo largo de mi historia, se estará destinado a la completa incomprensión del Otro o lo que coloquialmente entre la dinámica de pareja se dice "no te entiendo, no me comprendes, no me escuchas", es importante puntualizar que estar solo va implícito con el sentimiento de sentirse vacío, cuando nos planteamos el "ideal de pareja" desde las integraciones de vida gracias a las figuras parentales o lo que también nos han enseñado en relación a la asimilación de los objetos amorosos en la elección del objeto donde Freud lo llamó primer objeto de pulsión y más tarde objeto de amor o de odio que no es cualquiera sino sumamente tributaria en la historia del sujeto

Cuando en la dinámica de la relación de pareja nuestras fantasías e ideales no se cumplen es cuando podemos llegar a manifestar el vacio en el amor y la soledad del vacío del objeto amoroso. Recordemos que la soledad no nace a partir de tener una relación sino que viene a determinarse por la dinámica en el encuentro edípico con el otro. Winnicot (1958) señala que con el tiempo el individuo introyecta a la madre sustentadora del ego y de esta forma se ve capacitado para estar solo sin la necesidad de buscar con frecuencia el apoyo de la madre o del símbolo materno. Por eso mismo es que la búsqueda de pareja se determina por la soledad inconsciente de la separación de los objetos, separación donde los sentimientos de soledad no desarrollaron la capacidad para desarrollarse de manera sana, es una constante búsqueda de objetos.

Bassols, Calvet, Cevasco y Ramirez Puig (1990) realizan un recorrido por las obras de Freud y Lacan intentando esclarecer el tema de elección de objeto y condición de amor. En su obra toman el término de "pareja perversa" de Lacan y con respecto a esto aclaran que en la perversión hay una exigencia estructural de una pareja que soporte la división subjetiva mientras que el sujeto se objetiva, es decir se hace objeto, en la identificación con el instrumento fálico (máscara, látigo, fetiche, etc.). Por su parte, el psicoanalista Pierre Bruno (2004), se plantea el amor en la perversión desde dos perspectivas. Por un lado, habla de un "amor hipócrita" por parte de estos sujetos con el que revestirían su perversión para perpetuar sus actos. De este modo, el amor se convierte en un sentimiento planeado que utiliza para seducir a su partenaire. La segunda perspectiva tiene que ver con que el sujeto perverso utilizaría el amor para disfrazar o confundir el reconocimiento del delito en su conducta. Clavreul, también propone algo similar cuando introduce el término "alegato amoroso". Comienza su análisis describiendo a la estructura neurótica y perversa en torno a la demanda. Aporta que gracias a que el sujeto neurótico se ubica siempre como dependiente de la demanda del Otro, es decir que le gusta hacerse demandar, es que se convierte en el partenaire más apto para un perverso. Éste último se ubica en el lugar de quien demanda, ordena, y lleva al otro a la acción. Por eso el término complementario. Va a continuar describiendo la angustia articulada con la neurosis, siendo que es esta estructura la que se angustia frente al deseo del Otro, se niega a ser instrumento de goce del Otro. Todo lo contrario al perverso que sí se ubica en ese lugar, y por lo tanto la angustia no suele afectarlo. Luego explica: El psicópata, él, no se angustia pero no le ahorra esa experiencia a su partener. Por el contrario, es muy activo para enfrentar y sumir al otro en la experiencia de la angustia. Actividad del psicópata que apunta a un objetivo bien preciso: el intento de impelir a su pareja a acceder al goce, de llevarla más allá de las barreras de la inhibición y la represión. No al goce buscado y reconocido por el neurótico, sino al goce prohibido de la satisfacción de sus pulsiones reprimidas. Seguidamente utiliza el rasgo perverso de la cosificación del otro para explicar que es justamente éste, el medio que utiliza para lograr obtener su goce. Puede aparentar amor en su empatía especial que instrumentaliza para vislumbrar las necesidades del otro, pero no es más que un artificio para la posterior utilización del otro a su favor. En este contexto se podría decir que el amor implica una falta, una desarmonía, falta que tiene relación con la constitución subjetiva de las personas (castración); y si el perverso reniega de esa falta, daría como resultado su imposibilidad de amar. Palabras más, palabras menos, esta afirmación que al leerla recuerda la teoría de los silogismos lógicos o un problema matemático, resume de alguna manera la problemática y da una respuesta firme: "el perverso no ama", al menos a la manera en la que ama el neurótico y desde esa concepción del amor.

Para Freud y para la teoría analítica el objeto no se constituye a partir de las experiencias sucesivas, evolutivas y madurativas por las que el niño va transitando; el objeto no se va constituyendo paso a paso, experiencia a experiencia, detalle a detalle sino que se recorta sobre un fondo de ausencia. Es decir que el objeto, en psicoanálisis, remite siempre a una falta de objeto. Y esta falta de objeto, en Freud, remite, además a una falta, a una pérdida originaria. Freud postula la pérdida originaria de un objeto que marcará y enmarcará todo el surgimiento y desarrollo del psiquismo humano.


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