La penosa realidad del acoso laboral

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FEB
22
2018
Bryan Ramírez Morelia Mich. No concibo la idea de que un ser humano sea tratado mal y menos en las empresas, el acoso laboral debería ser considerado un delito, no es una exageración si analizamos las consecuencias que puede ocasionar para una persona los niveles de acoso y estrategias extremas que llevan a un colaborador a renunciar para evitar el maltrato psicológico que ejercen muchas empresas, que aunque lo nieguen son parte de su estrategia anti ética para deshacerse de colaboradores evitando el costo alto de un despido injustificado.

Entre 10% y 15% de los trabajadores a nivel mundial sufren alguna forma de acoso laboral según datos de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), y la realidad es que los costos por acoso en las áreas de trabajo son incalculables van desde el ausentismo laboral, baja productividad, abandono del trabajo, hasta aumento del consumo de antidepresivos, o hasta intentos de suicidio intentos de suicidio. El término correcto para este problema dentro de las organizaciones es mobbing, que es la definición para el bullying en el campo laboral, no es un tema que deba tomarse a la ligera, las áreas de Recursos Humanos en las organizaciones deben asumir un protagonismo y evitar que se presenten casos en los que se vean implicados colaboradores, la falta de atención a este problema puede desencadenar índices de rotación laboral que no se perciben hasta que los niveles son altos.

Dentro de las categorías en las que se incluye al mobbing entran diferentes situaciones tales como: insultos, humillaciones públicas, agresión física, ocultamiento de información, exigencias laborales poco realistas, magnificación de errores cometidos por el día a día de las actividades que se realizan en una organización o incluso la remoción arbitraria de tareas, algunos de estos actos llevan la intención de provocar un desgaste emocional de algún colaborador al que una organización tiene la intención de que renuncie en lugar de terminar la relación laboral haciendo la liquidación respectiva. Es tan común conocer casos en los que las empresas cambian turnos de manera arbitraria, los días de descanso, lugares de residencia o la carga de trabajo excesiva, haciendo una obvia presión psicológica que tiene como intención eludir de manera clara la Ley Federal del Trabajo, debería ser considerado como despido injustificado cuando algún colaborador presente su renuncia causada por presión psicológica comprobable.
En mi camino como profesionista he llegado a conocer casos extremos de organizaciones poco éticas son protagonistas del mobbing como una especie de cultura ya arraigada, que no consideran sus actos éticos pero sí prácticos.

No existe justificación para que exista el acoso laboral en las organizaciones, quienes la practican demuestran el carente compromiso con su capital humano, se deja de lado la máxima de que las personas son quienes mueven y le dan vida a la organización.
Se debe de castigar de manera severa a las empresas que ejercen presión psicológica a los colaboradores, sin importar el objetivo del mismo, da verguenza conocer casos de jefes directos que no son más que un colaborador más dentro de una organización tratado mal a un compañero, aún cuando éste sea su subordinado.
Si las organizaciones no cambian en su trato hacia las personas la ley los debe obligar.

Facebook: Bryan Ramírez
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