Los hombres del presidente

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JUL
20
2015
Julio Santoyo Morelia, Mich. Un gobierno vale tanto como la eficacia de su gabinete y el liderazgo del primer mandatario. Es comprensible que un gobierno no haga cambios de secretarios u otros funcionarios estratégicos cuando las cosas están saliendo bien y la administración está bien calificada por la opinión pública. Pero si las cosas están saliendo mal, y en algunos casos empeoran y a pesar de ello el jefe del gobierno no hace cambios, es cosa de preocuparse. O el ejecutivo ha perdido el liderazgo y no se siente con la fuerza como para cambiar lo que necesita cambiar o está convencido de que puede seguir gobernando con las mismas piezas con las que inició en diciembre de 2012 a pesar de los resultados. En ambos casos habría una subestimación de la realidad nacional, realidad que podría arrasar a todo el gobierno.
En entrega previa advertíamos que la campaña mediática que había emprendido el gobierno federal para reposicionar la imagen presidencial, luego de la relativa victoria del priismo en la elección intermedia , estaba construida sobre humo y no representaba la realidad nacional. Advertíamos que el maquillaje podría caer ante la emergencia de cualquier problema derivado de una realidad insuficientemente atendida. Y así ha ocurrido, la fuga del Chapo Guzmán, ha tumbado con estrépito el posicionamiento mediático que el gobierno estaba construyendo en torno a la administración de Peña Nieto.
La confianza es una palabra muy cara para la imagen del sexenio que se ve ahora casi imposible de recuperar. El aliento que el gobierno federal había obtenido con la elección del 7 de junio y que le había llevado a echar andar la maquinaria mediática para iniciar la segunda mitad del sexenio bien calificados y con fuerza, ha perdido todo aire, y los casi 30 días de espots han perdido su eficacia comunicativa ante un hecho crudo: el gobierno es incapaz de mantener en los penales de alta seguridad a los enemigos de la paz y la seguridad de los mexicanos.
No es verdad entonces que tengamos avances en materia de seguridad y de los cuales debamos presumir. Tampoco es verdad que la economía vaya en la mejor dirección y deban presumirse los indicadores. La reforma energética no está dando los frutos esperados y no llegan los múltiples y seguros inversionistas de los que tanto se habló. Las reformas no parecen ser en este momento las tablas de salvación que el gobierno necesita.
Al presidente no le va a quedar de otra que hacer un cambio de su gabinete y replantear el rumbo de su gobierno. Si no lo hace los conflictos le van a seguir estallando en las manos sin que su actual y desgastado gabinete pueda siquiera amortiguar algo el desgaste que ello implica. Tendrá que cambiar de hombres de confianza y con ello su perspectiva para la sucesión presidencial del 2018. Los actuales hombres del presidente, puede advertirse, no serán los hombres para la sucesión.
Ni Osorio Chong, ni Videgaray, los secretarios fuertes de la administración Peña, el primero responsable de la política interior y el segundo de la hacienda pública, tienen condiciones para continuar, más que a riesgo de profundizar el desgaste de la figura presidencial. El Chapo no sólo le hizo un túnel al subsuelo del penal del Altiplano, el túnel que le hizo a la confiabilidad de Osorio Chong y del presidente, es mayor, es monumental, imposible de zanjar. Si algo había recuperado la presidencia en percepción pública, de mediados de junio hasta el sábado 11 de julio, quedó sepultado con el escape de Guzmán Loera. Como quedó sepultado el prestigio y confiabilidad de los hombres del presidente.


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