No son sus maestros, son sus líderes

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Un fin de ciclo escolar
  
ABR
03
2018
Juan Ávila Osornio Morelia, Mich. Efectivamente siempre hay alguien que controla a las masas, aunque hablar de masas es referirse a grupos sociales amplios que obedecen, se disciplinan y reclamaban la tutela de necesidades elementales de salario, mejores condiciones de trabajo y promoción, desde luego tienen una fuerte motivación ideológica y ésta se resume frecuentemente en la fe en un modelo previamente instalado en la mente de los integrantes.
En la época actual, los gobiernos se enfrentan a poderosas organizaciones de masas, en general de carácter reformista, movimientos políticos de masas como los sindicatos, que son poderosos porque tienen el apoyo incondicional de los partidarios, sea como sea, están disciplinados y dispuestos a defender la señal de los líderes, aunque estos los llevan a confundir ignorancia e ilusión, y las esperanzas sean profecías evaporadas como lo señala Octavio Paz en el Ogro filantrópico.
Para muchos ciudadanos comunes salta la duda ¿los maestros forman parte de un movimiento de masas?, mientras haya vínculos de control clientelar y corporativo, y muestren limitados ejercicios de democracia y libertad, y no evidencien maduración ante la demanda política de necesidad del pueblo, sino la única voz sea la del líder, no hay duda se sentirá protegido, y no huérfano del poder supremo. Mientras ocurra, no será un movimiento liberador; sino de masas.
Pero como señala Martín Luis Guzmán, el autor de "La Sombra del Caudillo", a los mexicanos nos falta vernos por dentro, y no lo hemos hecho porque "padecemos penuria de espíritu" y somos gobernados por "espíritus débiles e inmorales" o por simples "materialistas" que ponen por delante la economía sin darse cuenta de que, si no cambia el espíritu, habrá desorden económico. Con ello nos lleva a comprender que las masas están llenas de esperanza que se funde en el desconocimiento de sus defectos.
Por eso hay manipuleo en los movimientos políticos, donde no se escapan muchos maestros, ni otras organizaciones, no se dan cuenta del daño que con esa actitud están haciendo, que pronto repercutirá en las áreas más debilitadas culturalmente de la sociedad, de donde muchos de los maestros provienen: las familias pobres.
Pocas veces han hecho simbiosis la ciudadanía y el Maestro; pero cuando esto ha ocurrido, el poder hegemónico pierde la perpetuidad y el privilegio que ocupa; ya no sigue manipulando o controlando a los grupos de masas a su modo, empieza a buscar roles en las olvidadas políticas sociales, las que se han quedado rezagadas en los últimos sexenios. Hoy el maestro debe luchar por su dignidad, porque aludiendo a Marx y Hegel, en sus Manuscritos de París de 1844, hay que superar la enajenación, idealismo, materialismo, y pensar en la referencia natural de la educación que es la libertad.
El Maestro de escuela que es responsable de su condición histórica, debe romper con condicionantes y avanzar hacia "el poder hacer para el sí mismo", incluso contra toda amenaza de condicionantes administrativas que luchan por mantener el idealismo de obediencia a la autoridad, aunque esta violente los derechos humanos del maestro y de los alumnos e imponga una ideología nada dialéctica; sino una reforma permanente a la sumisión.
Sin duda el rompimiento es un despertar de la conciencia, que nos debe llevar a disolver todo aquello que desafía el desarrollo humano, por eso hay que crear un programa filosófico que lleve a pensar a los maestros y sus estudiantes sobre los valores suficientes para lograr libertad, y no sobre una supuesta liberación para seguir sumiso y adoctrinado. El maestro debe repensar su práctica docente como proyecto para lograr el desarrollo ético y estético del estudiante.
Los maestros, muchos de ellos si están en esta orientación; una gran parte de los adscritos a la SEE, (sean del SNTE o de la CNTE u otros sindicatos de distintos niveles educativos) incluyendo muchos funcionarios, ya quieren superar el camino "del dejar hacer, dejar pasar", para no dar lugar a que se siga robando la voluntad y se obligue a trabajar con el rendimiento que conviene a quien ostenta el poder económico, más que el político. Recordemos que en México sólo hay dos fuerzas que pueden negociar con el gobierno: los sindicatos y los empresarios, sea quien sea el partido en el poder.





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