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Bajo el propio riesgo
  
DIC
10
2018
Teodoro Barajas Morelia, Mich. Con el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la primera magistratura del país se tejen variadas expectativas respecto a los cambios, aunque aún es temprano para emitir un juicio, este es momento más de afanes retóricos, porque tiene menos de una semana en el cargo, se percibe un esquema austero que contrasta con los antecesores en el mando.
Al inicio no tiene mayores dificultades si observamos la legitimidad con la cual arribó a Palacio Nacional, porque ya Los Pinos son museo en el que la gente puede observar detenidamente los lujos y privilegios palaciegos de algunos presidentes que en la forma lo fueron, porque en el fondo más bien se comportaron como emperadores en un antiguo régimen republicano de vestimenta, aunque monárquico de facto, al menos durante sus correspondientes seis años.
Su estreno como presidente de López Obrador en el zócalo fue apoteósico, las crónicas parecían interminables entre rituales, buenos deseos, rostros de diferentes facciones, gritos, aplausos. Lo cierto es que esas manifestaciones, las espontáneas y las ensayadas, parecía que festejaban cualquier cosa emotiva no propiamente un asunto político.
Un día después de la asunción al poder se le observaría departiendo al presidente con la gente en la fila para abordar el avión rumbo a Veracruz, la austeridad sería buena señal para un pueblo en el que la desigualdad ha sido la constante así como la arrogancia gubernamental de las últimas décadas.
Aún es temprano para emitir un juicio de valor en torno al hacer del nuevo presidente, que al menos hasta ahora ha tomado una considerable distancia en cuanto al estilo personal de sus antecesores.
Los más de 30 millones de votos aseguraron de origen una legitimidad con la que no contaron los mandatarios que han ocupado el sitial del Poder Ejecutivo en el trayecto del siglo XXI, López Obrador llegó de manera contundente tras los comicios del 1 de julio anterior.
No obstante, el triunfalismo no es la mejor opción para asumir los retos de un país en el que se han fabricado pobres al por mayor, uno en el que la impunidad y la corrupción son dos males arraigados. México no se acaba de inventar, para hablar de lo que se requiere o con lo que se sueña habría que partir de la realidad, es decir de lo que se tiene.
Los funcionarios que lo rodean, algunos de ellos en el primer círculo de poder, no son precisamente accesibles o eficaces y desconocemos cuál es su ideología, conforme avance el trayecto de esta gestión se podrá medir con objetividad los avances o retrocesos.
Deseamos que el nuevo gobierno que ha sido avalado por una gran mayoría de mexicanos no sea devorado por la soberbia o la autosuficiencia, no se trata de avasallar al que piense diferente porque actitudes de esa índole son contrarias al espíritu democrático, al contrario, está más que probado que vivimos en un país diverso en el que la pluralidad ha dado frutos porque de lo contrario no se explicaría la victoria del presidente López Obrador.


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