Peregrinación del presbiterio

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JUL
04
2015

Domingo 5 de Julio de 2015


 


† Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia


 


El próximo día ocho de julio, el Presbiterio de Morelia va en peregrinación a la Basílica a María Inmaculada de la Salud en Pátzcuaro. En la casa de nuestra Madre nos reconocemos hermanos de esta gran familia sacerdotal, en la iglesia cuya construcción inició el Siervo de Dios Vasco de Quiroga.


En comunión con Jesús, el Hijo de María, que nos ha hecho partícipes de su consagración y misión, queremos reforzar el vínculo de caridad entre nosotros y reavivar la conciencia de nuestra misión apostólica.


Tanto los recién ordenados, los vicarios jóvenes, como los párrocos con mayor experiencia y los venerables padres mayores, incluyendo a los obispos, vivimos el gozo de un encuentro en torno al mismo altar bajo la mirada materna de María. Es natural que siendo un gremio numeroso y heterogéneo haya entre nosotros distancia, desconocimiento y en ocasiones hasta algunos conflictos personales.


Sin embargo, el Sacramento del Orden es una gracia que no hemos recibido como individuos aislados, sino en la incorporación a un grupo solidario y compacto. Es significativo que en el seguimiento de Jesús los primeros Doce tuvieron ya que superar rivalidades y envidias, al ver el ejemplo y escuchar la enseñanza del Maestro.


En Pentecostés estaban unidos en la oración con María, la Madre de Jesús, y fue precisamente ahí cuando el Espíritu Santo los transforma y los capacita para vivir las exigencias de la caridad sincera a fin de ser testigos del amor y el perdón del Resucitado.


El sacerdote que llega al santuario no entra solo, sino en una procesión que representa idealmente el camino que vamos recorriendo juntos en el ministerio. La ternura de la Madre es capaz de doblegar la rigidez y suavizar las asperezas que pudieran darse debido a nuestra condición de pecadores.


Nos arropa además la benevolencia y la oración de un pueblo que, en la fe, descubre la dignidad y la belleza del sacerdocio, más allá de nuestras fragilidades humanas. Por la consagración estamos destinados a ser signo viviente de Jesús en las circunstancias del mundo actual. Que esto nos anime a vivir intensamente nuestra peregrinación anual.


 




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