PRI, más de lo mismo

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Del Informe

Hubo una vez un ritual del informe.

PRD y Futuro 21
  
AGO
19
2019
Teodoro Barajas Morelia, Mich. El Partido Revolucionario Institucional eligió nuevo dirigente en medio de protestas de la aspirante a presidir al tricolor, Ivonne Ortega, quien acusó le fue "robada" la elección interna. Al final la quejosa renunció a su militancia. Alejandro Moreno quien le dicen "Alito" es desde el domingo 18 del mes en curso quien encabeza a la vieja organización fundada en 1929 desde el poder en el cual se prolongó durante 71 años ininterrumpidos para sumar otros seis con Enrique Peña Nieto quien visibilizó la decadencia del Revolucionario Institucional, de la cual fue y es protagonista.
Históricamente el PRI se negó a las prácticas democráticas, fue concebido desde la cúpula del poder en la etapa posrevolucionaria, su menú se componía del "dedazo" y la simulación, fue vertical, los usos y costumbres con esa obsoleta liturgia no varía en absoluto.
Los sectores del tricolor fueron parte de esa maquinaria que diseñó el voto corporativo para hacer del servilismo una virtud y del autoritarismo un paradigma que le acompañó durante décadas desde el poder público.
Muchos recuerdan el ejercicio simbiótico del PRI con el gobierno, al final fueron el mismo ente que solía desdeñar la competencia abierta porque liquidaron la competencia real. Fueron el ogro filantrópico, brazo electoral del antiguo régimen.
Hubo intentos al interior del tricolor para democratizarlo e incluir el sentir de la militancia aunque tales afanes fueron abortados, sucedió en la época en que lo dirigió Carlos Madrazo, los discursos de Luis Donaldo Colosio no fueron más allá en etapas más recientes.
Si nos ubicamos en las circunstancias de tiempo y lugar algunos estudiosos de la ciencia política señalan que gracias al PRI, en principio fue Partido Nacional Revolucionario, que fue una organización clave, se logró la estabilidad que se había perdido por los años de la revolución, asonadas y cuartelazos.
Incluso hubo un lapso temporal de estabilidad económica que se conoció como el desarrollo estabilizador, se mantuvo durante sexenios el tipo de cambio y no hubo mayores turbulencias, fue el tiempo del estado benefactor durante el auge de la llamada Guerra Fría.
No obstante, los malos gobiernos de extracción priista marcaron la historia reciente con las crisis recurrentes, la persecución a la oposición, los fraudes electorales, crímenes políticos y una superlativa corrupción que cobró mayor significación al perder la presidencia de la república ante un ex priista como lo es Andrés Manuel López Obrador.
La última administración priista estuvo marcada por el signo del desaseo, las imputaciones por corrupción no conluyen y la estafa maestra es un enorme botón de muestra.
Incluso el primer candidato a la presidencia de la república de extracción priista que perdió unos comicios, Francisco Labastida Ochoa, acusó a Peña Nieto de haber sido el peor presidente de México en dos siglos. Contundente.
Alejandro Morena tiene muchas asignaturas pendientes al presidir un partido venido a menos en el que la decadencia no se oculta, no hay nada escrito aunque no se vislumbran signos de una recuperación milagrosa.
El dirigente electo ha llegado a la cúpula al más clásico estilo del tricolor, ante múltiples acusaciones de acarreo y compra de votos, acciones inherentes al Revolucionario Institucional. Lo cierto es que no se vislumbra un cambio de modelo.




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