Sobre la responsabilidad

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JUL
10
2018
Alejandro Vázquez Cárdenas Uruapan, Mich. Una de las persona que más han estudiado el tema de la responsabilidad es el filósofo e historiador judío Hans Jonas, nacido en Alemania en los inicios del siglo XX, concretamente en 1903, donde estudió Filosofía, Teología e Historia del Arte en las universidades de Friburgo, Berlín y Marburgo. Discípulo de Heidegger, con el que posteriormente entró en grandes desacuerdos por la posición pro nazi de su maestro. Y precisamente por su posición contraria a las doctrinas del nazismo y obviamente por ser judío, posterior al triunfo de Hitler y la implantación de las ideas nacionalsocialistas, en 1933 abandonó Alemania. Se exilió primeramente en Londres, luego a Palestina, marchó a Canadá, donde continuó su carrera docente en la Universidad McGill de Montreal para finalmente establecerse en los Estados Unidos, donde continúa su carrera como maestro en Nueva York. Y es aquí donde desarrolla sus ideas; una mezcla de la filosofía griega con ideas de San Agustín, del Gnosticismo, emparentando todo con el entonces de moda Existencialismo. En una de sus obras más conocidas, El principio de responsabilidad (1973) centró su propia reflexión en la ética, defendiendo el derecho del hombre contemporáneo a llevar una existencia digna, en un ambiente natural íntegro, bajo la supremacía de un horizonte de conocimientos determinado por las ciencias naturales y la tecnología. Fallece en 1993 en Nueva York.

La obra de Hans Jonas es actualmente uno de los referentes más importantes en el ámbito de Ética, Tecnoética y Bioética, y su libro El principio de responsabilidad sigue vigente a la fecha en el campo de las éticas deontológicas. Vale la pena mencionar que sus estudios sobre la libertad individual influyeron mucho en Hanna Arendt.

Su reflexión sobre la responsabilidad no puede entenderse sin la experiencia de la Shoah: su madre murió en Auschwitz y él fue voluntario en la Brigada Judía del ejército británico en la Segunda Guerra Mundial. Jonas considera que el nazismo es la expresión de un mundo en que Dios ha renunciado al poder para que el hombre pueda existir. El punto de partida es reconocer la existencia del mal.

La ética de Jonas arranca de un hecho: el hombre es el único ser conocido que tiene responsabilidad. Sólo los humanos pueden escoger consciente y deliberadamente entre alternativas de acción y esa elección tiene consecuencias. La responsabilidad emana de la libertad. O, en sus propias palabras: la responsabilidad es la carga de la libertad.

Aquí en donde emparenta más evidentemente con el existencialismo sartriano; la primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Los existencialistas mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. Según la formulación de Jean-Paul Sartre la existencia precede a la esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han mantenido que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que les lleve.

Jonas es uno de los padres del movimiento ecológico mundial, en sus escritos y conferencias insiste en que la supervivencia humana depende de nuestros esfuerzos para cuidar nuestro planeta y su futuro. Da la voz de alerta por las nuevas condiciones de vida provocadas por la tecnología. Para Jonas, la responsabilidad moral arranca tanto de una constatación fáctica (la vulnerabilidad de la naturaleza en la era de la técnica) cuanto de un a priori kantiano de respeto a todas las formas de vida.

La ciencia y la técnica han modificado profundamente las relaciones entre hombre y mundo. La naturaleza está amenazada y los humanos tienen el deber moral de protegerla y ese deber es mayor ahora que sabemos lo fácil que es destruir la vida.

Las generaciones actuales tienen la obligación de hacer posible la supervivencia de las generaciones futuras. Solo tenemos este mundo, si lo destruimos no tenemos a donde ir.

Es cuánto.

Alejandro Vázquez Cárdenas



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