
| ENE 252026 Los trabajos de este seminario dieron paso a la elaboración de la Carta de Belgrado, un documento rector de los criterios o principios que deben orientar la práctica de la educación ambiental en todo el mundo. La urgencia de impulsar la toma de conciencia y sensibilizar a la humanidad en torno a los problemas ambientales y hoy en día en torno a la gravedad del Cambio Climático, se identificó como la justificación de esta propuesta. La Carta de Belgrado establece que la Educación Ambiental debe motivar a las personas, promover la adquisición de conocimientos, desarrollar actitudes, aptitudes, compromisos con los ecosistemas y generar capacidades de evaluación para enfrentar de mejor manera los problemas ambientales. La Carta de Belgrado es un llamado urgente a la creación de una nueva Ética Global en la que el respeto a la vida de los seres biológicos y el respeto a los equilibrios ecológicos se coloquen en el centro de la existencia de la humanidad como condición para la sobrevivencia del planeta e incluso del ser humano, y para asegurar un mejor futuro y calidad de vida para las nuevas generaciones. En uno de sus apartados la Carta establece categóricamente la importancia de fomentar la formación en valores para que las personas puedan asumir compromisos directos en la comprensión de la realidad ecosistémica y de ellos derivar la fortaleza y la voluntad para aplicar soluciones desde el entorno inmediato de cada individuo. Por ejemplo, es bueno participar en la recuperación de bosques y el saneamiento de ríos, lagos y otros cuerpos de agua, pero sobre todo es imprescindible el compromiso ordinario para generar la menor cantidad de basura y tener control sobre la que ocasionamos, hacer un uso sostenible del agua, proteger la fauna y la flora que forma parte de nuestro entorno ecológico inmediato. Aún mejor, replicar con los niños y jóvenes los valores de respeto a la vida construyendo una correa de transmisión con estos contenidos e incrementar su fuerza, para de manera imperativa conservar la naturaleza. En este año 2026 se cumplen 50 años de celebración del Día Mundial de la Educación Ambiental. Este tipo de educación debiera abordarse en todos los sistemas educativos de las naciones debido a sus singularidades ecológicas, políticas, jurídicas, culturales y económicas. Cada país tiene el deber, conforme a sus ordenamientos constitucionales, de presentar ante sus ciudadanos y ante el mundo los avances en esta materia. El estado que guarda la educación ambiental como esfuerzo global se refleja con nitidez en el hecho de que el 47 % de los planes de estudio de las naciones no incluyen todavía la categoría de Cambio Climático. Mientras un conjunto de países ha evolucionado en sus sistemas educativos hacia la categoría de Educación para el Desarrollo Sostenible, la gran mayoría se han quedado rezagados. Solo naciones como Finlandia, Dinamarca y Suecia han logrado integrar la educación ambiental a la práctica educativa desde edades tempranas. En estos sistemas educativos se fomenta la conexión de los educandos con la naturaleza a través de aprendizajes activos en huertos escolares, participación comunitaria inmersos en los ecosistemas, logrando con ello conocimientos, valores y comportamientos ligados a la conservación de la vida natural. A 50 años de celebrar el Día Mundial de la Educación Ambiental debe reconocerse que los avances son mínimos. Mientras el Cambio Climático y la intervención irresponsable y brutal del humano sobre los ecosistemas avanzan en muchos países sin freno, como en México, la educación ambiental cumple solo un papel testimonial, informativo y poco relevante de cara a la destrucción ecológica. Es decir, la educación ambiental se debate en los límites entre la insuficiencia y el fracaso. En este día veremos a las élites gobernantes tomar los micrófonos con la voz engolada para proclamar "avances históricos" en la materia, rasgarse las vestiduras ante los propósitos más elevados de la educación ambiental, mientras las escuelas languidecen carentes de recursos, con planes de estudios que priorizan la mera información y con prácticas educativas que dejan fuera la formación en valores. Si bien es cierto que la Carta de Belgrado reconoce a los valores como esenciales en la educación ambiental, es urgente que el Seminario Internacional de Educación Ambiental, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, aborde en los tiempos que corren y de cara al papel destructivo que ha jugado el liderazgo mundial de D. Trump en materia ambiental, una evaluación de los alcances objetivos de los planes de estudio de las naciones participantes para establecer ajustes. Creo, sin temor a equivocarme, que la cuestión de los valores es, como lo es en México, el aspecto más descuidado y por el cual estamos viendo un país en donde prevalece la indiferencia por la destrucción de bosques y aguas y por la contaminación ominosa de aguas y de tierras. Que en materia de valores ambientales estamos reprobados tenemos pruebas evidentes y de vergüenza: carreteras, caminos y senderos atascados de basura, pérdida brutal de bosques con la protección gubernamental, destrucción de manantiales y cuerpos de aguas de manera inmisericorde y cacería furtiva llevada a los límites de la estupidez humana, entre otros. En este día los gobernantes deberían salir a hacer un ejercicio crítico y autocritico para corregir el rumbo en favor de una educación en valores y a dar ejemplo de congruencia aplicando las leyes ambientales a pie juntillas para la conservación de la naturaleza y a sacudir el sistema educativo para afianzar la educación en valores. |